Los mini PCs se han convertido en una opción muy interesante para montar un homelab sin ocupar demasiado espacio ni mantener una computadora de escritorio encendida las 24 horas.
Antes de comprar uno, el procesador importa, pero no es el único factor. Para virtualización con Proxmox, contenedores Docker o pequeños servicios internos, la cantidad máxima de memoria RAM soportada puede ser incluso más importante.
También conviene comprobar si la memoria y el almacenamiento pueden reemplazarse. Algunos equipos económicos utilizan RAM soldada o tienen únicamente una ranura para almacenamiento, mientras que otros permiten instalar varios SSD NVMe o unidades SATA.
La conectividad de red merece especial atención. Un puerto Gigabit puede ser suficiente para comenzar, pero 2.5 GbE resulta muy atractivo si planeas utilizar el equipo como NAS, firewall o servidor para varios dispositivos.
Otro aspecto importante es el consumo eléctrico. Una de las ventajas de estos equipos es precisamente poder ejecutar servicios permanentemente utilizando bastante menos energía que una PC convencional.
Para un primer homelab, no necesitas necesariamente el mini PC más potente. Un equipo ampliable, silencioso y con buenas opciones de red suele ofrecer mucho más valor a largo plazo que uno con especificaciones impresionantes pero poca flexibilidad.

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